RELATOS GANADORES. 2017

 CATEGORÍA NACIONAL

 

.El último inquilino.
Nieves Soria

El jardín presentaba un aspecto deplorable de abandono, pero la vieja mansión
seguía igual de imponente. Tenía que haber venido antes —se repetía— mientras forcejeaba tratando de abrir la maciza puerta. Cuando lo consiguió, un olor rancio y desagradable salió a recibirla. Caminó unos pasos a tientas, de forma mecánica pulsó el interruptor y sorprendentemente la luz se encendió. Entonces los descubrió decenas de insectos, moscas, moscardones, saltamontes… yacían inertes cubriendo suelos, mesas, sillones, hasta la encimera de mármol del majestuoso aparador de la tía Ernestina. ¡Otra vez! —pensó fastidiada—. Siguió inspeccionando la casa acompañada por aquel nauseabundo olor. Subió las escaleras y una a una fue abriendo las habitaciones hasta llegar a la circular, la puerta estaba entornada y al empujarla lo comprendió todo. Supo por qué no encontró las llaves en el buzón. Por qué no se habían colocado las tablas anti-insectos en la chimenea. Por qué la electricidad no estaba cortada.

El último inquilino, el señor Sondemar no había abandonado la casa en septiembre al finalizar su alquiler, de hecho se encontraba allí, pudriéndose, sentado en la mecedora de la abuela con un libro de Edgard Allan Poe sobre las rodillas.

Primer Premio

 

 

.Recuerdos Malditos.
Tatiana Ojeda Bermudez

Cerró los ojos y dejó la mente en blanco. Primera vez en meses. La mujer que no quiso
pronunciar su nombre notó cómo el agua caía borboteante sobre su cabeza, se deslizaba por el pecho, vientre, piernas y así hasta llegar a sus pies. Unos instantes después giró el grifo tres grados hacia la derecha.
– “Así mejor, muy fría, para congelar mis recuerdos.” Susurró.
Aún le temblaba la mandíbula cuando conseguía estar en soledad y ella odiaba eso, estar sola significaba dar rienda suelta a los pensamientos.
El recuerdo de aquellos labios era demasiado sólido como para desprenderse de él. Sorprendentemente, esa mañana de invierno consiguió olvidar por unos segundos. Pero como todo lo que se nos graba a fuego en el corazón, como si de un disparo invisible y traidor se tratara, de nuevo, se introdujo en sus carnes reproduciendo fielmente ese desgarro maldito.
Volvió a ver sus labios, azules por el frío, sobrecogidos pero seguros.
– “Me ha llegado la carta, debo marcharme.”
También recordó el remitente: Comandancia militar, frente de Navarra. Y sintió cómo sus lágrimas comenzaron a mezclarse con el tenue goteo de su canoso y húmedo cabello. Agua y sal.

Segundo Premio

 

 

.Mí tío Barbel.
Armando García Fernández

Ahora que se acercan las fiestas recuerdo a mi tío Barbel vestido de peña, con su pantalón blanco y su camiseta con el logotipo en la espalda, medio tapado por su pañoleta verde atada al cuello.
La imagen que tengo de él cuando era niño es la de trajinar entre planchas y bombonas de gas asando sardinas, que luego se repartían entre los vecinos acompañadas de un vaso de limonada.

Como las costumbres cambian, aquellas actividades organizadas por las Peñas se acabaron y se instalaron sus respectivos locales a la entrada del pueblo. Entonces le recuerdo charlando animosamente con sus amigos de toda la vida en la entrada de la carpa. Si al acercarnos desviaba la mirada distraído y nos reconocía, enseguida se levantaba como un resorte para darnos la bienvenida, diciendo sorprendido y alegre: “¡Pero coño! ¿Qué hacéis aquí?”. Luego le faltaba tiempo para ofrecernos algo de beber. Lo que nunca cambió fue el hecho de que pasear con él estos días era como viajar en un tren con infinitas paradas, porque continuamente se detenía a saludar a unos y a otros. Y es que, a los que lo trataron no les extraña que le conociera medio Pardo.

Tercer Premio

 

 

 

CATEGORIA LOCAL

 

.La Huida.
Luis Saiz Vida

Huíamos resbalándonos por las calles mojadas tras una tormenta que apagó las luces de la ciudad.
Agarraba mi mano jadeando y yo tiraba de ella cada vez con más fuerza, casi la arrastraba, parecía no importarle morir.
Tropezó y rodamos por el suelo, tuve que insistir para que se levantará .Debíamos darnos prisa o nos alcanzaría.
Como pude la cogí por la cintura y nos escondimos en un oscuro portal que por suerte vimos abierto.
La apreté contra mi pecho para tranquilizarla y al intentar besarla inclinó la cabeza. Lloraba.
De repente alguien entró en el portal y encendió la luz, era él. Tenía los ojos ensangrentados y nos apuntaba con su pistola.
Vamos a morir Elena, le dije. Y alejándose de mi le abrazó y me dijo, no Luis, yo no.

Primer Premio

 

.Resistentes.
Ángel Mora Saiz

La búsqueda minuciosa, sin apenas esperanza, tuvo como consecuencia el hallazgo del pequeño grupo. Eran los últimos, aún en pie después de que todos cayesen a su alrededor. Su sola presencia en el páramo rozaba lo milagroso. Habían sido dados por perdidos desde tiempo atrás, abandonados a su suerte, cuando la fuerza de los hechos hubo de establecer otras prioridades. Catalogados como daño colateral, se convirtieron en sujetos amortizados de otro tiempo.
Merecían un trato especial. Débiles como estaban, apenas opusieron resistencia. Sabían que su fin había llegado y mejor terminar en unas manos que supiesen valorarlos. De esta manera, fueron arrancados con suavidad del único hogar que habían conocido, donde sólo les aguardaba la caída y el olvido.
Depositados con mimo, respeto y cariño dentro de una cajita transparente, se han convertido en un símbolo de esperanza. Todos los días son observados por su dueño. Contemplarlos supone una inyección de ánimo. Le sirven de recordatorio, pero no de lo perdido, sino de que todo puede llegar a ser como antes en ese terreno yermo, donde de nuevo, cuando ya no sea necesaria la quimioterapia, volverá a crecer el pelo.

Segundo Premio

 

 

.Creer o no Creer.
María Sanchez

Martín es un hombre que vive al borde de la ley. No cree en nada, no piensa en los demás y si quiere algo lo coge sin más. Pero Martín comenzó a notar que las cosas empezaban a no ser tan fáciles. Cada vez que hacía algo al margen de la ley todo salía mal y no conseguía salirse con la suya.
Llegó a la conclusión de que alguien se dedicaba a fastidiarle los planes pero ¿quién?
Ayer intentó robarle el tractor a un vecino del pueblo. Cuando estaba atravesando el campo arado, comenzó a diluviar, sus zapatos empezaron a cubrirse de barro impidiéndole avanzar con agilidad y cuando estaba llegando al tractor, un rayo cayó en un árbol, comenzó a arder y provocó que saliera su vecino teniendo que emprender la huida.
Se dio cuenta de que el culpable de que sus planes salieran mal solo podía ser Dios pero ¿Cómo podía ser Dios si Martín no creía? Era ateo, así que al día siguiente fue a la ciudad, entró en el juzgado, interpuso una denuncia contra Dios y solicitó una orden de alejamiento.

Tercer Premio

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