RELATOS GANADORES. 2018

CATEGORÍA NACIONAL

 

.El Sastre.
Bruno María Puelles Reyna

Fue un golpe de suerte que aquella noble dama pasase junto a su sastrería y quedase prendada de la belleza de sus bordados. Desde que ella los llevaba, los encargos de clientes con dinero le habían colapsado. El sastre se sentía desbordado por el trabajo y las atenciones de sus clientes, que le invitaban a todo tipo de eventos a los que no estaba acostumbrado.
«No se pasa nunca a comer por aquí», comentó la tabernera, con desprecio, al verle pasar. «Desde que se codea con los ricos y come carne, ya no le gustan las lentejas ni la compañía de la gente como nosotros».

Todos los minutos libres que tenía, el sastre los pasaba afanoso con la aguja en la mano. Apenas comía y dormir se había convertido en un lujo que no podía permitirse. Al escuchar aquel comentario, decidió cerrar la sastrería. Reformó el lugar para poder regalárselo a su hijo.
Una semana más tarde, fue a comer a la taberna. Sin trabajo, no tenía mucho dinero, de modo que pidió el plato más humilde.
«Es más pobre que las ratas», oyó explicar a la tabernera. «Tuvo la oportunidad de hacerse rico y la desaprovechó, el muy estúpido».

Primer Premio

 

 

.Magia.
Lucía Sánchez Borrero

En las noches silenciosas como esta, ella irrumpe en la sala y con paso decidido camina entre cientos de libros. Deambula consciente de que el tiempo se le escapa de las manos. Y poco a poco, el latido de su corazón se acompasa al sonido rítmico de las alarmas. La adrenalina la empuja y ella se apresura. Sabe que solo tiene unos minutos. Se pierde entre los pasillos buscando esas cuatro palabras que pueden cambiar por completo su noche y, un poco también, su vida.
Su mente se sumerge en letras hasta que, por fin, lo encuentra. Con una sonrisa triunfal lo saca y se aleja de las estanterías, preparándose para comenzar. Se sienta en una de las mesas de la biblioteca prohibida y, tranquila, acaricia la primera página. Empieza a leer en silencio. Y entonces, aparece la magia.
Esta noche ha sido igual a muchas otras y ella lo ha vuelto a conseguir.

El guardia de seguridad entra desconcertado y solo ve un libro sobre la mesa, como cada noche desde hace muchos años.
Él lo cierra y lo deja en su sitio sin entender absolutamente nada. Mientras, dentro de las páginas, ella puede entenderlo todo.

Segundo Premio

 

 

.Bookcrossing.
Valentín Pérez

–Señorita, su libro. –Me miró sorprendida–. Lo olvidó usted en el vagón el viernes. Espero que no le importe que lo haya leído el fin de semana. Gracias a su olvido he descubierto a esta autora tan interesante.
–Ah, muchas gracias, pero en realidad no lo olvidé. Ya lo había terminado y lo dejé en el asiento para algún viajero con inquietudes.
–Ah, en ese caso, dejémoslo aquí para otro lector. ¿No es esta su parada?
–Sí, veo que sabe mucho de mí.
–Bueno, llevamos coincidiendo en este trayecto algunos meses y no he podido evitar fijarme en usted.
–Lo sé, por eso intuí que el libro le gustaría. –Y guiñándome un ojo se bajó del vagón–. Hasta mañana.

Tercer Premio

 

 

 

CATEGORÍA LOCAL

.Torre de la Parada.
Luis Fernández Madrigal

En la leyenda del cuadro leo Torre de la Parada. Sí, la recuerdo. Los colores del cuadro están apagados; pero en mi memoria están vivos. Salíamos de Mingorrubio temprano, todavía con el ambiente fresco de las mañanas del verano. Saltábamos la valla, furtivos. Y nos adentrábamos al monte corriendo. Según divisábamos la torre, Carlos salía siempre disparado para llegar primero. Nos moríamos de la risa siguiéndole. Quería ser el primero, una prisa por vivir que luego lo consumió.

Llegábamos a lo que imaginábamos un patio de armas donde jugábamos con espadas improvisadas. Luego, nos encantaba deambular y jugar por las estancias. Nos retábamos a subir de uno en uno por una estrecha y oscura escalera, que desde la segunda planta, ascendía destartalada y peligrosa. Haciendo equilibrios sobre las tejas, superábamos el vértigo hasta sentarnos al vacío. Desde allí alcanzábamos a ver la cuerda larga de la sierra.

Como Diego de Velázquez al pintar sus cuadros, ninguno estuvimos presentes cuando Carlos se paró, y se le congeló el corazón. Sólo conservo recuerdos borrosos de su última etapa. Lo trajeron en una urna. Acariciamos su superficie y nos despedimos. Quedaban sus risas, los juegos y la Torre.

Primer Premio

 

.Aniversario.
Ángel Mora Saiz

El hombre puso los pies en el suelo con desgana. Ella también había escuchado el despertador, pero simulaba dormir. Solo se levantó cuando su marido ya no estaba, para coincidir con él lo menos posible y evitar las agrias discusiones de cada día. Ya en la oficina él notó que tenía un papel en el bolsillo de su americana, con la frase: “Hay alguien que te espera”.

Mientras tanto, un mensajero llevó una docena de rosas a nombre de ella, sin remitente, a la tienda donde trabajaba. Aún no lo había asimilado cuando recibió una llamada de su hija. La pequeña dijo que tras las clases iba a ir a casa de una amiga para preparar un examen, también estaba invitada a pasar allí la noche.

El marido sacó a su mujer en brazos de la tienda, entre aplausos de trabajadores y clientela. Alguien les deseó un feliz aniversario. Cenaron en el mejor restaurante de la ciudad.

La hija durmió poco, el crujir del somier de la cama de sus padres, que se creían solos, fue el motivo. Las flores habían sido caras, pero su plan para que volvieran a quererse resultó perfecto.

Segundo Premio

 

 

.Volver a la Vida.
María Sánchez Herreras

Ella creía que ya no había salida, que el mundo se había parado y que no avanzaba; El trabajo se había vuelto monótono y su jefe ni siquiera sabía su nombre. Se había convertido en una persona gris que pululaba la vida esperando su fin sin ilusión.

Una mañana su casa empezó a arder, ella luchó por salir pero no lo conseguía sola,de repente sintió como nueve manos la sacaban de entre las llamas y la dejaban en frente de su vivienda ardiendo, ella no vio a nadie pero sabía que estaban allí.
Permaneció de pie mirando como todo su pasado se convertía en ceniza, dió media vuelta y comenzó a caminar sin rumbo pero de repente paró en seco, volvió a girar y continuó andando hasta regresar donde antes estaba su casa, solo quedaban escombros carbonizados, permaneció de pie, impasible, dio un suspiro profundo y dijo susurrando: Gracias.

Tercer Premio

 

 

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