PRIMER PREMIO
.EL OTOÑO TAMBIÉN NOS HABLA.
Lydia Santos Nieto
Hay algo en el otoño que me calma,
algo que no sé muy bien explicar,
quizá el crujir de las hojas bajo mis pasos
o esa forma tan suya de enseñarnos a soltar.
Los árboles se visten de nostalgia,
el viento juega a cambiarles el color,
y el sol se marcha un poco antes,
como si también necesitara descansar.
Me gusta mirar los jardines en otoño,
cuando las flores empiezan a dormir,
cuando la tierra guarda sus secretos
y espera, sin quejarse, volver a vivir.
Ojalá aprendiéramos de la naturaleza
a construir sin tener que destruir,
a dejar espacio para que crezca un árbol,
a cuidar el agua que nos hace vivir.
Porque no hay nada más hermoso
que un bosque después de llover,
ni riqueza que pueda compararse
con el aire limpio al amanecer.
Y, sin embargo, a veces olvidamos
que la Tierra no es solo un lugar,
es el hogar que todos compartimos,
la raíz que nos ayuda a caminar.
Por eso, cuando veo caer las hojas,
no pienso que algo llegue a su final;
pienso que hasta lo que parece perdido
puede volver un día a despertar.
El otoño me enseña, en silencio,
que cambiar también puede ser crecer,
que cuidar aquello que queremos
es la forma más sincera de querer.
Y quisiera que, cuando pase el tiempo,
cuando mis huellas dejen de estar,
queden árboles, jardines y ríos
para otros ojos que los puedan mirar.
Que alguien camine entre las hojas
y sienta lo que hoy siento yo:
que la naturaleza no nos pide grandes cosas,
solo que la cuidemos con amor.
Porque la Tierra no necesita palabras,
ni promesas que se lleva el viento;
necesita manos que la protejan
y corazones que escuchen su silencio.

SEGUNDO PREMIO
OTOÑO DEL SIGLO XXI
Laumedusa
Aturdida la rama,
quedó vacía.
Mudanza de pájaros,
cambia la vida.
Tormentas raras,
parecen tener prisa.
No se va el calor,
menuda risa.
Colores en el monte,
que inundan la vista.
Parece que hace frío,
¡que calor madre mía!
Llega el otoño,
llega la brisa.
Así, como pasa la vida
tan deprisa.










